No cabe duda que Barack Obama ha dado una lección magistral sobre el impacto que pueden tener las tecnologías para lograr la movilización de millones de personas a su favor. Se apostó al ciudadano como ente y protagonista de la agenda pública de una nación, orquestando y desarrollando una estrategia de relación -con seguidores y potenciales votantes- humana, cercana, democrática y transparente.
Particularmente, estoy convencida que el abrumador triunfo de Obama estuvo muy vinculado a la impecable estrategia de comunicación generada alrededor del candidato. En palabras de Arianna Huffington, fundadora de The Huffington Post, blog No. 1 a nivel mundial: “Si no fuese por internet, Obama no sería presidente”.
Sencillamente, se visualizó como un producto, que requería colocarse en el mercado, generar empatía, suscitar emoción y sobretodo, mover a la acción. Una estrategia bien planificada y ejecutada que puso especial atención en la proyección de una imagen acorde con los valores e ideales políticos, el cuidado constante de un mensaje persuasivo y el desarrollo pleno del potencial de los medios empleados.
En este sentido, la utilización de las tecnologías sirvió como el engranaje principal – marcando un hito en la historia – para conectar al candidato con sus votantes, y más importante aún, para conectar a los votantes entre sí. El equipo de campaña de Obama supo entender el poder de las estructuras sociales y cómo convergen en comunidades y redes virtuales con fines comunes, convirtiéndose en el mayor activista de su causa, y sobretodo motivando a millones más, a unirse en una campaña liderada por sus creencias.
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